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*..*Las imágenes que uso las he tomado de Deviantart. Muchísimas gracias a los respectivos artistas.*..*

"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad".
~Jean Paul Sartre.

Cassie

Es una invitación a que lean: Cassandra.
Es el otro blog que manejo... Es una historia larga, la estoy haciendo y la voy subiendo capítulo a capítulo, espero sea de su agrado: Cassie
Un abrazo, que disfruten!

martes, 27 de diciembre de 2011

Soledad en compañía


Comprendí, apenas, que no puedo desterrarte.
Cuando llevo la vida entera tratando de ahogarte
entre risas delirantes y lágrimas distantes.

Comprendí, apenas, que siempre vas a acompañarme.
Incluso en la sonrisa que se dibuja en el rostro del amante,
el brillo de sus ojos estará acompañado de tus pasos siempre errantes.

Te he temido siempre, soledad, querida amiga
aún cuando han sido tus caricias las que han avivado la llama de mi vida
y cuando ha sido tu regazo el refugio a la omnipresente hipocresía.

Cada paso que me alejó de ti me llevó siempre al desastre
más me valía entregarme a tus brazos y olvidarme
de la falsa compañía que otros brazos me ofrecían.

El dulce aroma de las rosas se confunde fácil con el de la muerte
si lo que buscas es huir de ti y tratar de quebrar tu propia suerte.
Un paso en falso huyendo del dolor
me llevó al olvido y descomposición
de los sueños más hermosos que alguna vez forjé
aceptando las cicatrices que el mundo dibujó en toda la superficie de mi piel.

El temor me hizo correr
lejos de tu sombra protectora
y tu mirada atenta y soñadora.
Creí que no podía compartirte
y por eso quise destruirte.

Regreso hoy a ti, con la cabeza gacha
aceptando que jamás debí haberme alejado.
Regreso hoy a ti, tomada de la mano
 del único al que ambas podemos abrazarnos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Por cuatro noches, siempre



Por cuatro noches seré papel,
tinta serán mis lágrimas
y el anhelo surcará mi piel.

Por cuatro noches esperaré.
La vista en el mar del alba
y con la mirada te seguiré.

Por cuatro noches me haré fantasma,
viajaré en mi barca
de sueños y de alas blancas,
salvaré cada una la distancia
que me separa
y me sacude el alma.

...

Por cuatro noches aquí estaré,
soñando siempre
y deseando verte otra vez.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Omnos



Antes del tiempo, hubo un sueño.
Antes del alba, estuvo la noche.
Entre la verdad se escondió la mentira.
Entre los bosques se ocultaron los niños.

Regresa de las sombras,
de la eternidad inquieta.
Regresa al hogar que espera,
al sueño que se devela.

"Cu allate, papon sod urege,
eððiIo de iantu in cridie.
VediIumi: cante moi uosta!"
("Lobo salvaje, haz lo que tu corazón añore
pero te imploro: ¡quédate conmigo!")

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Omnos: Eluveitie



Gaulish:

Immi daga uimpi geneta,
lana beððos et iouintutos.
Blatus ceti, cantla carami.
Aia gnata uimpi iouinca,
pid in cete tu toue suoine,
pid uregisi peli doniobi?
Aia gnata uimpi iouinca,
pid in cete tu toue suoine,

Aia mape coime, adrete!
In blatugabagli uorete,
cante snon celiIui in cete!

Vrit- me lindos dubnon -piseti. (x2)

Nimmi mapos, immi drucocu.
In cetobi selgin agumi,
selgin blatos tou iouintutos.
Nu, uoregon, cu, uorigamos,
lamman, cu, suuercin lingamos,
indui uelui cantla canamos!
Nimmi mapos, immi drucocu.
In cetobi selgin agumi,

Ne moi iantus gnaton uorega,
iantus drucocunos uoregon,
cante toi in medie cete.

Vrit- me lindos dubnon -piseti. (x4)

Cu allate, papon sod urege,
eððiIo de iantu in cridie.
VediIumi: cante moi uosta!

Ne, a gnata, ne uostami, ne te carami!
Nec carasumi!

Boua daga uimpi geneta.
Immi trouga, lana nariIas.

Vrit- me lindos dubnon -piseti. (x2)




English:

I am a fair, pretty girl,
Full of virtue and youthfulness.
The forest's flowers and songs I love.
Hey, pretty young girl,
What are you doing in the forest alone,
So far from all beings?
Hey, pretty young girl,
What are you doing in the forest alone?

Hey, handsome boy, come here!
Let us pick some flowers
in this forest together!

Now only the deep pond awaits me. (x2)

I am not a boy, I am the bad wolf.
In the woods I hunt,
Hunt for the flower of your youth.
Well, wolf, let us play a game,
Let us dance a joyful dance,
Let us sing decent songs!
I am not a boy, I am the bad wolf.
In the woods I hunt.

I don't like children's games,
I like playing sinister wolf games
In the depths of the forest, with you.

Now only the deep pond awaits me. (x4)

Wild wolf, do whatever your heart longs for,
But I beg you: Stay with me!

No, girl, I'm not staying with you and don't love you!
Never loved you!

I was a fair and pretty girl.
Now I'm poor and overcome with shame.

Now only the deep pond awaits me. (x2)

martes, 13 de diciembre de 2011

Retorno


Un minuto basta
para sonreír eternamente,
para que en el cielo azul
reviva el corazón cadente.

Que cuando la melodía despierte
no sienta nunca el cuerpo inerte.
Que se le abran los ojos cansados
para bailar entre besos robados.

Que cese la lluvia
y se alcen las voces
de muerte y de vida
hechas canciones.

Que bañe la Luna
las almas en pena
para que borre
la huella en la arena.

Que al caer la noche
el silencio no dañe,
sino que te cubra
con su manto suave.

Y que cuando la Luna
alcance el cenit
tu risa y tu canto
aún pueda oír.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Para crear un falso


Para perder un sueño,
me tengo a mí.

Me basta con un reflejo,
con la imposibilidad
que crea la distancia,
el desasosiego.

Para llorar la noche,
me tengo a mí.

Me basta con ver el cielo,
la Luna brillando sobre los techos,
herida y atrapada para siempre
en la tormenta de su desdicha.

Para correr la vida,
me tengo a mí.

Una sonrisa inquieta,
una mirada esquiva,
una palabra muda,
una esperanza furtiva.

...

Innecesaria es, entonces
la pérfida mentira
escondida en la sonrisa
de un alma ya podrida.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Palabras


Las palabras que fueron alguna vez
escritas sólo con tinta
y derramadas sobre el papel,
hecho de dolor y fantasía
y de los pétalos de un clavel.

Las palabras de las que alguna vez
fuimos cómplices y entremezclamos
con nuestra saliva los suspiros
y el olor de nuestra piel.

Las palabras que se filtraron
lentas y agonizantes
desde nuestra memoria
para crear historia.

Las palabras que hoy añoramos
del pasado que se agotó
entre los dedos de nuestras manos
y el tempo de esa canción.

martes, 1 de noviembre de 2011

Lluvia


La palabra, efímera.
El recuerdo, perpetuo.
El dolor, constante.
La esperanza, distante.

Te marchas mientras ella llora,
y te pide que como Ilona,
durante mil y un veces
con la lluvia regreses.

Pero esta noche no llueve,
sólo de mis ojos huyen pequeñas gotas,
que como ácido surcan mi rostro
evidenciando el rastro de un corazón medio roto.

lunes, 24 de octubre de 2011

Prisa


Tengo que darme prisa
allá arriba se encuentra ella.
Seguro que anda sentada y quieta
como siempre cuando me espera.

Tengo que darme prisa
allá está ella tan fría y sola.
Tan triste como siempre que no me encuentra,
tan silente que ni siquiera el viento la advierte.

Tengo que darme prisa
anda tan triste y silente y sola.
Aunque en el fondo, lo reconozco,
disfruto ser causa de su zozobra.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Anfiteatro


... Y el cuerpo, que fue templo
se vuelve anfiteatro.
Le anidan los gusanos
y el dolor desenterrado.

Se siega el corazón
y la sangre baja hasta los pies
junto a las lágrimas de alcohol
y la mortaja de papel...

viernes, 2 de septiembre de 2011

Pedacito de Luna


(Debo hacer una aclaración respecto a este poema: Lo comencé a hacer hace muchísimo tiempo y nunca lo terminé ni había querido continuarlo por lo que me recordaba... Sin embargo hoy siento que, con toda libertad, puedo hacerlo y seguir sonriendo).


Pedacito de Luna
¿A dónde te has ido?
¿Por qué vuelas tan lejos de mí?

Pedacito de Luna
Te extraño tanto esta noche
Nuestra madre en el cielo me trae noticias de ti.
Y las estrellas me susurran tu nombre al pasar junto a mí.
Pero no puedo evitarlo
lloro tu canto
tu ausencia, tus ojos,
tu llanto.

Pedacito de Luna
¿A dónde te has ido,
tan lejos, tan triste?
¿Acaso te has ido
a volar ya sin mí?

domingo, 7 de agosto de 2011

Recuerdo


Recuerdo haberte visto
bajo la luz tenue de un farol,
recuerdo haberte visto
aullándole a la Luna por amor.

Recuerdo haberte amado
desde el primer momento en que nuestros ojos se cruzaron,
recuerdo haberte amado
desde el instante mismo en que nuestras almas se encontraron.

Recuerdo que me viste
y que echaste a andar, sonriente,
recuerdo que me viste
y que, apesadumbrado, te despediste de la muerte.

sábado, 16 de julio de 2011

Dadme un Libro


Dadme un libro.
Dadme uno donde pueda depositar mis sueños de infancia,
uno en el que pueda descansar mi memoria,
uno en el que pueda creer cuando se hayan ido los niños,
uno que nunca me olvide aunque haya crecido.

Dadme un libro.
Seré yo quien reviva sus páginas,
quien renueve su tinta,
quien vierta en él lágrimas
y lo llene de sonrisas.

Podeis quitarme la calma,
arrebatarme la paz.
Podeis en medio de la noche
hacer que tiemble mi hogar.

Podeis herirme por dentro,
tratar de hacerme callar.
Podeis llevarme tan lejos
como os atrevais a viajar.

Pero dadme un sólo libro
en el que pueda confiar,
en el que pueda reírme
y en el que pueda soñar.

Dadme un sólo libro
con el que pueda aprender a llorar,
a acariciar los claveles
y a nunca olvidar.

Dadme un sólo libro
que bien sepa guardarme los sueños
y no lograreis nunca
arrebatarme mi cielo.

sábado, 9 de julio de 2011

Alegría


Alegría,
que efímera eres,
que caprichosa.
Te escurres entre las manos del tiempo
como si fueras una nube taciturna
que se niega a irse por completo
del cielo que comienza a ser incierto,
como una nube que poco a poco se evapora
pero que ni siquiera llora.
Te haces pasar por mariposa
y con las flores floreces al primer sol de la mañana
pero en la noche ya te guardas
se te apagan ya tus alas.

Alegría,
que huraña te has vuelto.
Te escondes entre las hojas del cedro
como un ave pequeña que se oculta para no ser presa.
Como la sombra a medio día
te niegas a extenderte para dar cobijo.
Y en el invierno más crudo
si apenas te asomas para dar abrigo.

Alegría,
te convertiste en la utopía del poeta,
en la locura del artista,
en el murmullo de la música.
Alegría,
te lo ruego
por las estrellas, por la Luna, por los soles,
por la locura y perdición de los soñadores,
vuelve a casa.

viernes, 1 de julio de 2011

Circus


Llovía.
Las nubes cubrían todo el firmamento y las horas pasaban lentamente para el pequeño sentado en la cama.
Lloraba.
Las lágrimas iban a parar a la colcha como las gotas de lluvia al pasto y los lamentos del pequeño se los llevaba el viento.

-No va a volver-, susurraba entre gemidos, -se ha ido y no va a regresar. Ella misma me lo dijo-. Tomó demasiado aire y se ahogó, lo que hizo que se quedara en silencio un momento. Por lo que su madre aprovechó para tenderlo en la cama y arroparlo hasta el cuello. Pero no dejaba de llorar.
-En el mundo en el que te encuentras, mi pequeño, hay muy pocas cosas que pueden regresarte el alma al cuerpo y devolverte la fé en la vida y en el mundo mismo cuando ya te has deshidratado de tanto llorar y tu cabeza quiere irse a morir lejos de tu cuello.
Una de esas poquísimas cosas, mi pedacito de cielo, es el circo... Déjame contarte una pequeña historia sobre un muchacho que sabía hacerlo prácticamente todo, menos amar. Y de una muchacha que no sabía hacer prácticamente nada, pero sí que podía amar.

...

Él la encontró sentada en el pórtico de una casa a punto de irse al piso. No lloraba, pero sus ojos no podían mirarlo con mayor tristeza. No hablaba, pero sus labios se movían como si no pudiera esperar para contarle la historia de su vida. Y no se movía, pero toda su piel se erizaba cuando lo escuchaba hablar.
Estaba sola y tenía las manos llenas de polvo y los párpados cansados.
Ella lo amó desde el primer momento en que lo vio y él a ella así también, sólo que tardó en darse cuenta de ello.
Él le tendió la mano y ella se aferró como si no hubiera un mañana para volver a verlo.

Él sabía hacerlo prácticamente todo.
Podía volar sobre los trapecios como si fuera el ave más hábil de todas.
Podía hacer trucos de magia y escapar de cualquier tipo de atadura como si del mismo Houdini se tratara.
Además era capaz de hacer sonreír hasta a la más triste muchacha del pueblo donde se encontrara.
Pero no era capaz de amar.
Ella no sabía hacer prácticamente nada.
Ponerse de cabezas la mareaba.
Le tenía terror a las alturas.
Y sus movimientos eran demasiado torpes para danzar o engañar los ojos de los demás.
Pero había dos cosas que podía hacer: cantar y amar.
Ambas las llevaba a cabo todo el tiempo, de la primera tenía una idea clara y de la segunda ni la más remota. Pero sabía que, de algún modo, podía hacerlo.

La primera vez que la escuchó cantar se quedó inmóvil sobre la cuerda floja.
Ella estaba abajo, sentada en el suelo, bajo la red que paraba las posibles caídas, y tarareaba alguna melodía que él jamás había escuchado, pero que sentía conocerla de toda la vida.
Ella se lo quedó mirando y su rostro se encendió como si se tratara de una pequeña lámpara roja.
Se marchó corriendo.
Para él, aquella melodía se convirtió en un susurro incesante, que lo acompañaba en cada encuentro con el cielo, con el suelo, con el verde, con el día, con la noche, con el azul, con todo. No era capaz de tenerla lejos mucho tiempo, tenía que oírla cantar una vez más, tenía que saber qué era esa melodía y por qué se le hacía familiar.
La segunda vez que la oyó sucedió algo fantástico.
Ella saltaba como una niña pequeña sobre la malla y reía. Él practicaba y practicaba, aunque ya lo había hecho toda la mañana, sólo porque esperaba oír siquiera un murmullo.
Pero ella seguía saltando y riendo y su risa era de miel, dulce y pegajosa.
Se quedó colgando del trapecio, con la cabeza llenándosele de sangre, quieto, muy quieto, como si ella fuera una presa y él el lobo a punto de cazarla.
Y ella se olvidó de que él estaba allí y comenzó a cantar mientras saltaba. La voz subía y bajaba lejos y cerca de él mientras ella saltaba y saltaba.
Era el momento.
Tomó impulso sobre el trapecio y en uno de los brincos de la muchacha la tomó de las muñecas y la alzó.
Soltó un grito que pudo haberle reventado los tímpanos de tenerla más cerca.
Lo miraba llena de terror, él sabía muy bien que la cabeza tenía que estarle dando vueltas y que el corazón tendría que estar a mil por hora mientras se elevaban más y más. Pensó que iba a largarse a llorar.
Pero no lo hizo. Sucedió algo hermoso. Comenzó a reír una vez más. Y su risa era de miel.
Y todos reían a su alrededor.
La domadora de leones junto a su león, el pequeño bailarín a la sombra de un arbusto, los grandes y los pequeños acróbatas en coro, las malabaristas una tras otra alternándose, los siete payasos, las dos tortugas y los tres conejos.
Y ella descubrió que podía volar, que podía danzar en el cielo mientras cantaba y sus rizos se elevaban y se esparcían como una nube y él fue feliz de oírla una y otra y otra vez.

Y ella voló tan alto que él prefirió quedarse cerca del suelo, para no perder un segundo de su canción haciendo piruetas y se le olvidó como ir tan alto.
La escuchaba, pero ya no le hablaba, ni siquiera la miraba. Sólo la escuchaba.
Y lentamente olvidó todo lo que sabía hacer para hacerse espacio para algo más. Algo que no sabía hacer.
Y ella lo amaba y sabía que aquello iba a dolerle, pero ya no era capaz de bajar por él.
Y cuando él lloró, ella también lo hizo.
Y las lágrimas se convirtieron en lluvia e inundaron el circo, ahogaron la ciudad. El río de sal se llevó a los demás actores, pero también se llevó el dolor y la pena.
Cuando cesaron las lágrimas no quedaba rastro de nada. Sólo una montaña y un bosque, que se extendía tras ellos.
Ella se asomó al borde de la montaña y miró hacia abajo. La ciudad estaba abajo, mojada, llena de nubes. Y el circo estaba sobre ella, ya demasiado lejos para hacer sonreír a los pequeños hombres grises a los que empapaba una lluvia también gris, que ya no venía de los ojos de nadie.
Él caminó hacia ella y por primera vez en mucho tiempo le habló.
Ella parpadeó miles de veces hasta entender todo lo que él le había dicho y, finalmente, sonrió.

...

El pequeño la miró con los ojos muy abiertos. Ya no había lágrimas, pero sus ojos aún estaban rojos.
-¿Qué fue lo que le dijo, mamá?
-Que acababan de nacer. Que había que hacerlo todo otra vez para que no se quedara nada sin aprender.
-¡Pero él ya sabía hacerlo todo!
-Ah, pero no sabía amar.
-¿Y qué fue de ellos?
Ella se rió y le dio un beso en la frente antes de tomar la vela que alumbraba la habitación.
-Están aquí y te aman más de lo que puedas imaginar. Ahora, a dormir.
Apagó la vela y cerró la puerta.

...

El pequeño se puso de pie y fue hacia la ventana.
De puntillas dejó que su aliento empañara el vidrio para poder escribir con el dedo: "Vuelve a mí, para que me enseñes a volar y yo pueda enseñarte algo más".
La lluvia cesó.

domingo, 12 de junio de 2011

Silente


El amor no trae trompetas,
no se presenta con un gran concierto ni una alfombra roja para pasar sobre ella.
Al amor no lo avisa un heraldo,
no viene de ropa suntuosa ni alza su voz como un llanto desesperado.
El amor no viene a tocar a tu puerta con rosas y actores de fiesta
para partir con aplausos y desvanecerse en la voz de los que lo han escuchado.

El amor viene en silencio
vestido de negro y anda en las sombras.
No dice nada y ni siquiera canta.
Llega cubierto de máscaras blancas
y se adueña facilmente de ti y de tu alma.
Estalla en colores con forma de flores
en obras alegres y hermosas canciones.
En risas de niños que juegan y danzan
y en bellas historias que los bardos cantan.


¿Qué tienes tú, caballero, que cuando te miro mi dolor olvido?
Se convierten tus ojos en el reflejo de mi pálido rostro
en la cuna del sueño y del constante anhelo.
Se vuelven tus labios mi razón y mi ánimo
en la tumba del rocío de mi cuerpo cansado.
Se transforma la Luna en testigo silenciosa
de besos mudos y miradas prófugas.

Si te digo esta noche que mi alma sólo puede reposar en tus brazos
¿te lanzarías a buscarme en el corazón de los astros?
Y si te digo esta noche que me harté de negarlo
¿me alzarías con ternura y me guardarías en tus dulces labios?

jueves, 26 de mayo de 2011

Crayola


Se abrazan.

Se cierra el telón, la lluvia golpea con fuerza el asfalto, la gente abre los paraguas y se va corriendo.

Sonríen.

El mundo se sacude en el otro extremo, se cae una ciudad entera, se ha hundido la Atlántida.

Se besan.

Corre que te alcanzo. Sube más alto, ¡más alto! El vacío o yo.

Se separan.

Son veinte pisos, el viento sopla con fuerza, él la observa y alza una ceja, ella da un paso hacia atrás. Él no puede creerlo. El vacío o él. El vacío.

Sonríen.
Ella cae junto a ellos y el rojo salpica sus abrigos negros.
Parpadean.
Él cae sobre ella y una vez más, son bañados en sangre.
Se miran. Se abrazan. Sonríen.
El mundo está roto, pero ellos siguen vivos.

Se van.
Las sirenas llenan la calle maltrecha, la lluvia cae mientras caminan bajo ella, los lava, los limpia. La gente corre a su alrededor. ¡Qué trágico! ¡Qué trágico!

Se besan.
¿El vacío o yo?
Ella sonríe y le enseña un crayón verde.
Tú.

domingo, 22 de mayo de 2011

El tiempo en tus pestañas


El tiempo en tus pestañas se mueve lentamente,
como si fuera la neblina, que en una mañana fría, no se mueve ni se siente.

El amor bajo tu piel se mueve como melodía,
como una cereza que baja y baja lentamente por los labios del descaro y la agonía.

El dolor junto a tu cuerpo es como alcohol dejado al aire.
Se evapora lentamente y deja sólo un olor acre.

Los sueños en tus pupilas son como velas encendidas.
Si el viento sopla, ellas se agitan, pero si las miro es como si estuvieran vivas.

... El tiempo en tus pestañas corre lentamente,
como la neblina, no se mueve ni se siente...

sábado, 21 de mayo de 2011

Come, please.


Come, come.
Come and hold me one more time.
Please, please.
Don't let me forget what's good for me.
Come, come.
I miss you more than everything.
Please, please.
Kiss me, kill me, set me free.

domingo, 8 de mayo de 2011

Hasta que tú regreses...


Arderá la ciudad
Se quemará mi alma
El fuego consumirá mi hogar
Y mis sueños se harán cenizas.
Hasta que tú regreses.

Seguirá la Luna ocultando su rostro
Y las estrellas rehuyendo su brillo.
Se marchitará el pasto bajo mis pies
Y se mantendrá en mi cuerpo el olvido.
Hasta que tú regreses.

Y cuando haya caído la noche
que los recuerdos me vuelvan desierto
y el vacío se torne algo incierto.
Serán tus ojos memoria
para guardar de mi vida la historia.

Pero mientras tanto
la noche seguirá avanzando.
Y las nubes cubrirán mi cielo
cuando mire hacia él en busca de consuelo.
Y arderá la ciudad
Se quemará mi alma
El fuego consumirá mi hogar
Y mis sueños se harán cenizas.
Mientras el viento sople
Esperará mi pecho henchido
Y se desgarrarán las paredes de cuero
Se fundirán piel y costillas.
Seguirá la Luna ocultando su rostro
Y las estrellas rehuyendo su brillo.
Se marchitará el pasto bajo mis pies
Y se mantendrá en mi cuerpo el olvido

...

Hasta que tú regreses.

martes, 3 de mayo de 2011

Good bye


And there is...
There is the sound of the clock ticking once again.
Without the Moon, without the summer's stars.
Just ticking and ticking in the black.

Nice to knew you.
The chaos is over so now run from the night, go to the light.
Farewell.
And good night.

jueves, 28 de abril de 2011

Sueños a mar abierto


Tu piel bajo el cielo y el cielo bajo tu piel.
Tu cabello que se enreda en las enredaderas de papel.
Y mi boca que siente aún de tus labios aquel embriagante sabor a miel.

Soñarte a mar abierto.
Y amarte con sabor a sal.
Quererte bajo el sol ardiente.
Y soñarte por la eternidad.

Llorarte bajo los sauces.
Y reírte llena de paz.
Abrazarte la vida entera.
Y no llorarnos ni una vez más.

Tu piel dentro del mar y el mar dentro de tu cuerpo.
Tus ojos clavados en los míos, clavados en los recuerdos.
Y mis manos bajo las tuyas danzando tu minueto.

martes, 26 de abril de 2011

Babosa


Soñar... ¿Qué me cuesta soñar?
Me cuesta una vida entera y la entregaría de gusto.
Pero no.

Me marcho a dormir y las cortinas aún no se levantan. Me marcho del día y en la noche no encuentro lo que busco porque se borró del mapa.
Se apagó.
Se apagó porque esa luz ya no es la más brillante... Ya no es la guía de nadie.
Mi cabeza se ha quedado corta para vivir con audacia, no conecto con la velocidad necesaria. Se me agotan las palabras.
¿Qué fue de mí?
¿A dónde ha ido a parar el intelecto del Sombrerero?
Ya no me quedan sino los anillos de humo de lo que antes era tierra y agua.
Me queda la sensación de lo que alguna vez estuvo... O tal vez de lo que ni siquiera existió jamás.
Vivía en mi propia realidad y en su cotidianidad. Y ya no existen porque he visto más allá de la niebla que cubría mi lento caminar.
Y los he visto a ustedes, a todos con los que jamás me atreví a hablar.
Tan cómoda que estaba en mi agujero de babosas... Y ahora me doy cuenta que el mundo no es de baba sino de garras y rápidas miradas.
Yo me alimentaba de esas cosas. Las salaba y me las comía fácil y sin ganas. Eran simples y dóciles, sencillas, tontas. Tanto que me las terminé todas.
Y salí y los vi a ustedes, a ti y a quienes realmente piensan y me di cuenta que mi reloj estaba oxidado, que nació cubierto de un óxido pegajoso, tan simple que sólo le alcanzaba para procesar babosas... Y lleno de baba se quedó. Llena de baba me quedé bajo la lluvia, abandonada, sola, triste y viscosa.

Y a vos te vi de cerca y no pude alcanzarte, mi mente es ahora lenta, mi talento se fundió entre tanta sal y tanta nada.
Ya te lo dije antes, me quedé sola, abandonada y cubierta también de baba.








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No voy a publicar los comentarios que me envíen a esta entrada. Son igual bien recibidos, siempre. Pero no voy a publicarlos por razones personales.
Un abrazo y feliz noche para todos.

domingo, 24 de abril de 2011

De nuevo


El dolor de cabeza se hace insoportable a medida que los segundos se van derritiendo en la vela que no logra calentarme el alma.
El cuarto en la penumbra es mucho menos espantoso que a plena luz del día, con las sábanas vacías y bien puestas. Y el silencio que llena cada uno de los vacíos es mucho menos punzante que las notas de alguna canción que llegó a rebotar sobre su piel.
Si tan sólo pudiera darle la vuelta a las manecillas del reloj en dirección contraria... Rebobinar el mundo y quitarme de encima algunos segundos de dolor, corregir algunos errores, recoger las lágrimas derramadas y escuchar su voz una vez más.

En los brazos de la noche se está mejor que en los brazos de algún extraño.
Por lo menos era eso lo que había pensado alguna vez, pero este no era el momento ni el lugar para soñar, y las sábanas que se encrespaban sobre mis piernas me secaban el sudor y las lágrimas.
El dolor de cabeza haciéndose cada vez más intenso y la Luna allá, demasiado arriba para tomarla con las pestañas.
Una caricia sin significado y una mirada vacía con una sonrisa falsa. Todo eso acompañado con un poco de té frío y un chocolate para subir el ánimo.

Si el fuego calentara el alma como el cuerpo, me habría lanzado a una hoguera tan grande como las piras de las brujas durante la inquisición.
Pero el fuego no calentaba el alma como el cuerpo y ya no estaba en la Edad Media. Era una pena.
Dale la vuelta al reloj, Alicia. Está bien si el reloj está de cabeza, así también va a estarlo el tiempo y voy a poder recoger todas las frutas que ya se cayeron del árbol para pegarlas con un poco de azúcar, miel y agua.
¿Dónde estarán ahora su cabello y sus labios? ¿Reposarán sueltos y cerrados sobre su almohada, o estarán enfriándose con el viento y las nubes de sal?

¿Qué hora es?
¿Es ya tan tarde?
Hay que regresar, para que el tiempo siga corriendo y no haya que estar echada sobre un pecho vacío, sin alma y sin corazón.
Adiós.
¿Eso es todo?
¿Y qué esperar si no?
Adiós.
Lágrimas, un poco más sin sábanas para secarlas, sólo el vacío de la noche, el vacío del cuerpo, el vacío del alma.
Dame un café con leche.

Que fría es una habitación cuando no hay unos labios devolviéndote la sonrisa que le envías a unos ojos. Que vacía es la noche sin las estrellas que te habías acostumbrado a tocar.
Acostumbrado.
Que se devuelva el tiempo para que pueda desacostumbrarme a la belleza y al cariño. Que se regrese todo a su cajita para comenzar una vez más y estar cerca de verdad.
Perdón.
Aún espero su voz, la espero. Suena, resuena y recontrasuena dentro de mí.
Vení volá, sentí.
Pero aquí. Junto a mí.

El camino a casa está tan solo que ni las ratas se atreven a corretear por ahí.
Suéltenme.
No grites.
Suéltenme.
No llores.
Mátenme.
Silencio.


El clavel se ve muy lindo sobre tu lápida. Ojalá pudieras salir a verlo, aunque la lluvia lo ha maltratado un poco. No ha parado de llover desde que te marchaste. Creo que el cielo se siente triste. O tal vez nos castiga por haberte dejado partir.
Ambos claveles se ven muy lindos sobre tu lápida. Lamento no haber sido el único, supongo que alguien más te extraña esta noche sin Luna y sin amor.
Regresá. No volés más lejos y vení, sentí.

lunes, 18 de abril de 2011

Agatha


Se llamaba Agatha y tendría seis años, un listón verde mal puesto y el cabello color del trigo bajo el sol. Sus ojos eran negros y tenía tus pestañas. Un oso de felpa colgaba de su mano, desmadejado, como si el viento pudiera elevarlo a la Luna.
Me miraba y su boquita de cereza sonreía levemente, siempre lo hacía, siempre lo haría. Me haló de la manga de mi vestido blanco y me abrazó, apoyando su cabecita en mi vientre. Le acaricié y cerré los ojos.
Me pidió que le enseñara el mundo, yo la aparté de mí y me agaché para quedar a su altura. Le negué, en silencio. Ella insistió y fijó en mí su pupila oscura. No. Puso su manito sobre mi rostro y me acarició con suavidad -soy fuerte-. Más que nosotros, más que el mundo... Está bien.

Fuera del refugio las bombas caían casi como las hojas que se desprendían de los árboles en otoño.
Un pequeño lloraba a la distancia sobre un montón de algo carbonizado. Alzó los ojos lentamente y nos observó, perplejo. Éramos tres, aún vivos, en medio del caos y del silbido que se había apoderado de nuestras almas.
Agatha comenzó a llorar en silencio, de los oídos del niño se desprendía un pequeño hilillo de sangre. Probablemente había quedado sordo con las explosiones.
No pude detenerla cuando corrió hacia él.
Lo abrazó y corrieron juntos entre los cuerpos cenizos en el pavimento erosionado y sucio.
El pequeño era menor que ella y fue ella la que se encargó de sanarle las heridas. Él la observaba embelesado y sonreía mientras, en el silencio amortiguado del refugio, Agatha iba y venía de un lado al otro, limpiándole la sangre.
Lloré en silencio tomándote la mano, creo que lo recuerdas.

Cuando las bombas cesaron y los radios anunciaron que podíamos salir y ver el sol de nuevo, me resistí. No quería ver nada. Quería estar ciega. Y si acaso lo fuera, sabía bien que podría oler la muerte regada entre todo lo que había querido.
Me abrazaste y Agatha me tomó la mano. Lloraste y ella te secó las lágrimas mientras yo te observaba en silencio.
El silencio se había convertido en una constante entre los tres. Jamás necesitamos realmente hablar.

Agatha salió primero, con el pequeño de la mano y yo los seguí. Tú te quedaste atrás, cegado por la luz de la trampilla apenas abierta. Regresé sobre mis pasos y te besé. Me tomaste con fuerza entres tus brazos. Y lloraste. Y luego reiste.
Reímos un par de segundos hasta escuchar la risa de Agatha también, era como la de un cascabel, era hermosa y clara. Lloré mientras reía, al igual que tú.
Estábamos vivos luego de tanta cordura humana, lo estábamos. Y no sólo lo estábamos, sino que habíamos salvado una pequeña vida que tenía mucho que hacer cuando nosotros no estuviéramos ya.

Se llamaba Agatha y tendría un par de semanas y yo ni siquiera lo sabía.
Se llamaba Agatha y tendría tus pestañas, mi boca y su propia mirada.
Se llamaba Agatha y nacería en una noche de Luna llena.
Se llamaba Agatha y aún no lo sabíamos, pero me abrazabas por la cintura al atardecer y ella ya sabía que la amaríamos como jamás habíamos amado. Sólo porque era ella, porque sería nuestra luz, más fuerte que ambos, más fuerte que el mundo.

lunes, 11 de abril de 2011

Te vi


Te vi,
y la sangre saltó dentro de la herida.
Te vi,
y se me abrió el corazón de por vida.
Te vi,
y en mi alma sólo llovía.

domingo, 27 de marzo de 2011

Llévame lejos


Llévame lejos, muy lejos de aquí.
Llévame a donde las hojas no las queme el sol.
Al lugar con el que hemos soñado nuestra vida entera.
Allá donde los claveles se posan suavemente sobre la tierra.

Llévame lejos, muy lejos de aquí.
Sácame de este mundo tan sucio y tan ruín.
Elévame tan alto que mi temor al cielo se desvanezca.
Abracemos los últimos rayos de sol, antes de que la Luna aparezca.

Llévame lejos, muy lejos de aquí.
A la tierra de los sueños de la que estamos hechos.
A la nube más lejana en el lugar menos humano.
Lejos de las lágrimas, al paraíso de las ánimas.

miércoles, 23 de marzo de 2011

...De esta vida


Las nubes se encargaron de borrar el calor
del vino que reposaba
trémulo
en la copa
sobre la mesa
junto a mi temor.

La noche se encargó de hacerme olvidar
el semblante que en tu rostro se anidaba y despertaba
aún
la luna color ámbar
y las estrellas de lágrimas de plata.

La risa no cesó ni un segundo en mis oídos
mientras tú te deshacías de tu ropa
y te aferrabas a mi boca
yo buscaba en la ventana
un escape de esta vida triste
mundana
y una entrada a la mañana
aferrándome
como una tonta
siempre
a tu boca.

martes, 8 de marzo de 2011

Verde. Rojo. Púrpura... Azul


Ella se fuma un cigarro y él la observa desde el balcón. La habitación no es cuadrada, es más bien redonda con una ventana al vacío. Él la observa con los ojos rojos y ella le apaga el cigarrillo en el brazo, él la toma del cabello y la arroja por el balcón. Ella grita. Él no se arrepiente y se marcha.
Verde.

El pequeño corre entre la multitud, el hambre y la conciencia le pesan más que el pan que lleva bajo el brazo. El hombre corre tras el pequeño gritando: "¡Ladrón! ¡Ladrón!" El pequeño tropieza contra una anciana que lanza un grito y cae al suelo. La gente comienza a murmurar. El hombre no ve a la anciana en el suelo, la golpea con el pie, la anciana suelta otro quejido. La gente murmura más fuerte. El niño deja caer el pan a la vez que el hombre le lanza una roca. Un carro pasa sobre la hogaza y la roca golpea al niño en la nuca. El pequeño cae en mitad de la vía. Un coche no alcanza a detenerse.
Rojo.

El ejecutivo enciende el equipo de sonido y se sienta lentamente, observa el mundo desde su ventana mientras la oficina se llena de música clásica. Ríe, la gente es pequeña, son todos como hormigas. Alguien toca la puerta y él la ignora. Suena de nuevo. La ignora una vez más. Los golpes son cada vez más insistentes. El ejecutivo llama a su secretaria, ella no contesta. Él llama de nuevo. Continúan llamando a la puerta. Ella no está. El ejecutivo, de mala gana, se pone de pie y abre la puerta por sí mismo. Un hombre que tal vez trabaje allí le apunta con una Colt .45. El ejecutivo retrocede. El hombre avanza hacia él, llorando, desesperado. El ejecutivo ve el cuerpo de su secretaria en el suelo, sangre. El hombre dispara. El ejecutivo cae al suelo sin mucho alboroto. El hombre pone el arma dentro de su boca, murmura algo ininteligible. Se vuela los sesos.
Púrpura.

Él habla y ella lo escucha. Él toma su mano y ella se deja caer en sus brazos. Dos niños se acuestan en una cama a mirar las estrellas a través del techo. Las risas les dan el ritmo para su danza. Ella se duerme sobre su pecho mientras él piensa. Dos niños juegan en una cocina con la luz encendida. El ruido de los carros estalla contra las ventanas y no los molesta. La lluvia llena la noche. Ella le da un beso y ambos se sonrojan. Dos niños tienen una conversación trascendental acurrucados en un sofá. El frío los abraza. Apagan la luz. Cierran los ojos. Sueñan lejos de aquí. El mundo les duele y van a escaparse de él.
Azul.

sábado, 5 de marzo de 2011

Dos


Tan larga y tan fría es la noche cuando tu sonrisa se encuentra ausente.
¡Si pudieras ver el dolor que me causa aquel triste silencio en el que nos sumimos la última vez!
A mi cuerpo aún le duelen las sacudidas y los empujones y a mi alma aún le duele todo, todo.
Tal vez no nos supimos soñar bien en el momento, tal vez nos olvidamos de que aquello requiere más que impulso y tiempo, y soledad.
Estoy cubierta de moretones y tú estás tan lejos.
Estoy cubierta de sueños rotos y tú estás tan ausente.
-
Mis sonrisas son tan tenues y tus ojos están tan cerrados.
Mis labios están tan olvidados y los tuyos están ya tan marchitos.
Me duele que cuando las cosas deben llevarnos a un lugar tranquilo y a un mundo lejano sólo logremos enlodarnos más en la tristeza de este mundo tóxico e intermitente.
Tu boca está tan lejos de la mía y las miradas que hoy nos damos son frías y distantes, ya no somos uno porque hemos decidido ir a rompernos a otra parte, solos, por aparte.
Me pregunto que será del mar que nos recibió la primera vez que nos tocamos, si se habrá secado y de él sólo queda ya un rastro salado.
Me pregunto que será del sol que se ocultó cuando nos vimos y de la Luna que nos cuidó esa única noche en la que no mentimos.
Si tuviéramos la fuerza suficiente hace mucho que ya no dolería, pero no la tenemos y lo sabemos a la perfección, y ahora sólo estamos atrapados en el último verso de nuestra única canción.

martes, 1 de marzo de 2011

Quiéreme



Las manos en los bolsillos
y nuestros claveles regados por el piso.
Las risas que se han quedado en ecos
y los pasos que retumban ahora en nuestros sueños.

Quiéreme.

La bruma que cubre la montaña
a la que vamos caminando lentamente.
La nostalgia de una calma vida pasada
que se adueña de mi voz y de tu mirada.

Adórame.

Los relojes que deshacen las veredas
de retoños verdes y viejas cortezas.
Los besos que rehacen la esperanza de tus pasos
con el sabor embriagante de nuestros tersos labios.

Ámame.

lunes, 21 de febrero de 2011

Nuestra noche, nuestro cielo


La lluvia no golpea los techos esta noche y no escucho tu voz cerca de mi oído, pero la noche está tranquila y no me deja débil ni abandonada.
La ciudad está dormida pero yo no necesito irme a la cama, quiero que sean tus manos las que me lleven izada hasta el lugar en el que tú descansas.
La ciudad le teme al silencio, pero en el silencio es donde tú y yo nos escondemos.
Las risas en medio de la soledad son imprudentes y delatan a los locos e insolentes, pero entre risas nos escabullimos y fuimos a parar al único lugar en el que no nos pueden condenar.
Dentro de tus ojos y dentro de los míos no tenemos que obligarnos a emitir ningún sonido, nuestros labios son los sellos que sirven para acallar la pena y el dolor de nuestras almas que se van quedando rezagadas en el frío de la noche y van dejando en todo nuestro cuerpo marcas.

Tu piel está tan distante de la mía y a tu sonrisa cálida la borra con lentitud la lejanía.
Dime que regresarás esta noche a buscarme, que vas a escabullirte de tus sueños para invadir con tu voz los míos y que vas a encontrarme.
Te prometo que si tus labios pronuncian mi nombre me iré a buscarte en todos los sueños y en todos los desvelos.
Te prometo que si tu alma me llama, me iré sin pensarlo dos veces al pie de tu ventana y cuidaré tu sueño con ternura y aliviaré el dolor mientras espero a que me invites a pasar la noche entre tus brazos.
Y cuando lo hagas nos haremos con nuestros temores y los encenderemos, para que se deshagan en nuestra noche eterna y nos sirvan como lucero para encontrar juntos el camino a nuestro propio cielo.

sábado, 12 de febrero de 2011

Con los ojos cerrados


Con los ojos cerrados nos sumimos en el silencio,
las palabras se convierten en susurros apagados de nuestras pestañas.
El viento sopla lentamente y revuelve nuestro amor,
la calma se hace cálida mientras tus ojos toman un respiro del dolor.

Con los ojos cerrados nos quedamos muy, muy quietos,
arropada con tu abrigo siento que el mundo no está tan deshecho.
La mañana danza alegre y entre nuestros tiernos sueños,
comprendemos lentamente que no somos más que dos pequeños.

Con los ojos cerrados nos reímos del afán y sus relojes,
innecesarias son las ansias y el tic-tac en el lugar al que iremos a parar.
El ruiseñor canta mientras la tarde va cayendo,
a tu lado el mundo gira lento y si digo que te amo es sólo porque así lo siento.

Con los ojos cerrados nos besamos entre prosa y poesía,
las estrellas nos cobijan y recitan lo que nuestros corazones callan.
Nuestra madre, en el centro de la noche nos da su bendición,
tú y yo estamos ya muy lejos del dolor y su canción.

Con los ojos cerrados compartimos nuestras almas,
con los ojos cerrados abandonamos nuestras ansias.
Con los ojos cerrados nos lanzamos al vacío,
con los ojos cerrados le ganamos al olvido.

domingo, 6 de febrero de 2011

Ilusión


Este es el cuento que lancé al concurso del colegio el año anterior... Lo cierto es que me encanta aunque quedó en segundo puesto, si tienen curiosidad de leer el primero, aquí les dejo el link: http://www.facebook.com/notes/jose-daniel-angel/el-asesino/107977912613590

Espero disfruten el segundo lugar tanto como yo.

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Ilusión

El tiempo suele permanecer, para el imaginario general, encerrado entre las monótonas carreras de las manecillas del reloj y el desgajo de las páginas del calendario. Sin embargo, aunque ese sea el consenso mas aceptado, habría que decir en honor a la verdad, que no hay otro calendario que pueda hablar con franqueza del tiempo que el de los propios deseos.

Para ella hasta entonces el tiempo había discurrido entre ensoñaciones acompañadas del susurro de un arpa y una creciente sensación de soledad. Mientras esos sueños eran dueños de su aire, cada tañido era eterno y el tiempo dejaba de contar. Cuando estos cesaban sus oídos quedaban desnudos y a pesar del ruido que la envolviera, el pesado tic tac de los relojes se agolpaba en un rincón de su cabeza y le gritaba una sola palabra: soledad.

Y esa palabra había comenzado a afectarla, después de todo ella no podía contárselo a nadie ni besarlo en público. Ella no podía dejarse consentir y perderse en aquellas extrañas y hermosas conversaciones mientras alguien más estuviera presente porque él, sencillamente, no existía.

Pasó años junto a él, por supuesto, sin dejar de vivir su vida normal. Asistía a la universidad, salía con sus amigos, visitaba a sus abuelos en las afueras de la ciudad… y hasta salía, casualmente, con uno que otro chico de la facultad; pero no pasaba un solo segundo sin que ella pensara en él. No podía evitar verlo sentado en la ventana, tarareando y moviendo los dedos como si tocase una invisible arpa. No podía dejar de sentirlo sentado en el borde de su cama en la noche arropándola y velando por sus sueños.
No podía evitarlo. Ni a él, ni a su dulce voz, ni a su melancólica mirada, ni a sus tristes sonrisas, ni a sus impresionantes alas.

Por su parte él nunca parecía estar feliz, era como si cargara con una terrible condena sobre su espalda… Pero ella lo miraba y todo parecía desvanecerse. Ella lo miraba y la agonía se borraba de su sonrisa. Ella lo miraba y la calidez se extendía por su cuerpo. Ella lo miraba y él tenía fuerzas para seguir tocando el arpa, sentado en la ventana de su habitación, sonriéndole a la Luna.

Pero tantos años de soledad hicieron mella en ella. Y esa soledad fue lo que la llevó a conocer a Albert… Un chico de último año de la facultad de derecho de su universidad.
¡Oh! Albert era todo lo que aquel fantasma no podía ser.
Albert era cálido y la abrazaba con fuerza en presencia de otras personas, la llenaba de besos alegremente al saberla junto a él. La colmaba de presentes mientras otros estaban junto a ella para que supieran que ella no estaba sola.
Y ella se sentía feliz hasta que llegaba a su cuarto y se encontraba con esos ojos marrones que le devolvían su reflejo. Esos ojos marrones que parecían vitrales de catedral. Esos ojos llenos de amor y de felicidad cuando la miraban, pero que poco a poco se iban llenando más y más de tristeza…
Por supuesto ella no mantenía a Albert en secreto, y su adorado fantasma sabía que aquello iba a suceder necesariamente, y lo recibía en la resignación del silencio, sin decirle absolutamente nada. Y la seguía arropando en las noches, y seguía componiendo cosas para ella en el arpa invisible que estaba colgada sobre su mesa de noche.

Era en esos momentos en los que ella quería tirar a Albert al vacío y deshacerse en besos para aquel triste fantasma, para aquel hermoso personaje de historias lejanas y fantásticas.

Albert le propuso matrimonio al terminar la universidad.
Contraria a la reacción que se espera de alguien luego de tres años de noviazgo, ella no saltó hacia sus brazos y gritó como una loca de felicidad… Se quedó de pie bajo el farol mientras la nieve se arremolinaba a su alrededor.
Albert era un hombre bastante bien parecido, tenía una buena posición, era dulce y la quería… Ella no tenía ninguna disculpa para decirle que no.
Sin embargo ahí estaba ella, de pie como una estatua de mármol blanquísimo bajo la luz amarilla de un solitario farol en una de las calles secundarias de la ciudad. De pie y muda.
Para Albert eso fue lo más terrible, ¿qué podía hacerla dudar así, había otro acaso?
Él no pudo soportarlo y se llenó de esa furia ciega que tan bien guardada tenía, y la tomó del codo derecho para sacudirla. Ella no se esperaba algo así y perdió el equilibrio al instante. El piso estaba resbaloso, congelado por el invierno, y ella se deslizó como una hoja de papel y él pudo observarla un momento mientras se le escurría de la mano para ir a parar al piso.
Pero ella no cayó. Algo la sostuvo en mitad de su caída y la depositó con suavidad en el suelo.
Albert parecía haberse desquiciado al ver como el cuerpo de ella se movía solo, en el aire, sin apoyo alguno.
Retrocedió lentamente primero, preparado para correr.
- ¡Bruja!- Exclamó antes de darse la vuelta.
Esto sería lo último que sus anatémicos labios pronunciarían.
El fantasma la soltó de entre sus brazos y se precipitó con furia hacia Albert, que logró verlo justo antes de que sus fríos dedos se cerraran sobre su garganta y comenzaran a asfixiarlo sin piedad.
Patadas, sollozos, y luego… Silencio.
Alice estaba aterrada. Se puso de pie y con lágrimas en sus ojos se lanzó a correr calle abajo para llegar a su hogar.

Estuvo encerrada semanas enteras, sus compañeros y amigos lo comprendían “a la perfección”, su novio había sido hallado muerto. ¿Cómo no iba a sentirse así de triste?
Pero todo iba más allá de la simplicidad de una muerte.

Finalmente decidió abandonar su casa y regresó a la universidad.
Para sorpresa de todos, Alice parecía radiante.
Se reía con cualquier cosa, bromeaba, asistía a todas las clases e incluso sacaba las mejores notas de toda la facultad.
Pero al poco tiempo algunos comenzaron a notarlo. Sostenía conversaciones con alguien invisible, lo llamaba “amor”, le decía que jamás en su vida iba separarse de él y que era la mujer más feliz del mundo, que su novio anterior había sido malo con ella y no se la merecía. Y reía, reía como una histérica, como una loca.

Sus amigos y familiares terminaron por preocuparse, incluso si primero pensaron que estaba hablando con el recuerdo de Albert, aquello se les salió de las manos y Alice fue internada en una clínica psiquiátrica.
Poco después, saldría de esa clínica y la enviarían a un sanatorio con una camisa de fuerza manchada de sangre.

Su habitación en la clínica se había vuelto un caos, había sangre en las sábanas hechas jirones y la puerta de madera estaba llena de rasguños. El doctor estaba en el piso, sobre un charco de sangre espesa, la enfermera estaba amarrada con retazos de las cortinas y su rostro tenía una expresión estática de terror que había quedado fija en el momento en el que había muerto.

La encerraron en una habitación acolchada con puertas de metal, pero no lograron aplicarle ningún sedante… Las jeringas reventaban en las manos de quienes iban a inyectarla, o se clavaban en ellos mismos.
Nadie entraba a esa habitación, sólo le pasaban la comida por un pequeño agujero, pero ella no comía, se había deshecho de la camisa de fuerza y la había colgado en las rejillas de la puerta de metal.

Y Alice estaba feliz, estaba sola, podía hablar con él cuando quisiera, podía besarlo, podía jugar, podía hacerle el amor, podía reposar en sus brazos, y al final, ella sabía que podía estar con él para siempre.

Por eso un día retiró la camisa de fuerza de la puerta y dejó entrar algo de luz.
Un guardia que pasaba por ahí la observó desde fuera, atemorizado de entrar a la habitación.
Lucía terrible. Llevaba semanas sin comer más que algún mordisco de pan cuando no aguantaba el dolor, los huesos se le marcaban en la piel, su cabello, antes brillante de color cobre, estaba ahora extremadamente delgado y le llegaba hasta la cintura. Los ojos se le hundían en las cuencas por su extrema delgadez, sus mejillas se curvaban hacia el interior de su rostro y sus manos estaban arrugadas, parecían las de una anciana.
Ató la camisa de fuerza a su cuello con un nudo de ahorcado y la soltó.
Antes de poder hacer algo o ver algo más se escuchó un grito en el pasillo fuera de la celda.
El guardia se lanzó al suelo deshecho en gritos y lamentos, agarrándose el rostro con las manos, por las que se escurría sangre.
Sus ojos se hallaban en el suelo, uno observándolo a él, el otro tratando de ver dentro de la celda de la muchacha.
Los gritos de agonía se apagaron lentamente, a medida que el guardia se alejaba corriendo por los pasillos, en busca de ayuda.

Los pasos retumbaron en el hospital, y el ojo que miraba por la rendija, entre el piso y la puerta de Alice, pudo ver como la muchacha caía al suelo acolchonado de su celda y se quedaba allí, acostada, muda, sin vida, ahorcada por su camisa de fuerza… Ella podía verlo… Sólo ella. Nadie más parecía percibirlo.

Tinta con vida

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