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"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad".
~Jean Paul Sartre.

Cassie

Es una invitación a que lean: Cassandra.
Es el otro blog que manejo... Es una historia larga, la estoy haciendo y la voy subiendo capítulo a capítulo, espero sea de su agrado: Cassie
Un abrazo, que disfruten!

viernes, 27 de noviembre de 2009

El Circo

Ya lo tenía aquí subido... Pero esta es la versión que ganó el concurso, luego de ser revisado exhaustivamente. ^^
Espero lo disfruten, con ustedes:



El Circo

Este era uno de esos circos ambulantes, uno de esos que se preocupan por aparecer en muchos y diferentes lugares. No era muy grande, ni tampoco el mejor, pero cada una de sus peculiares partes se esforzaba en lo que hacía y solían lograr arrancarle a sus espectadores una que otra sonrisa, uno que otro murmullo de admiración.

En este circo había dos payasos, siempre envueltos en sus trajes de colores y maquillaje rojo y blanco. Había también un mimo al cual nunca nadie había escuchado hablar; y un domador de leones, de mediana estatura y complexión fuerte, siempre activo y de notoria presencia.
No se le había olvidado al destino incluir un mago entre sus espectáculos y viajes, un hombre enigmático, de frases complejas y sentido profundo; delgado y alto, honda su mirada y pálida su tez.

Pero el show que en verdad se llevaba todos los aplausos era el de las dos trapecistas. A cinco metros de altura, sobre la cuerda floja y colgadas de los trapecios, las hermanas brindaban un increíble espectáculo de inimaginable belleza; en perfecta armonía bailaban entre las sombras, sorteando los reflectores y, de un lado al otro, realizando prodigiosas acrobacias; su suave gracia y lo pálido de sus pieles imitaba la belleza del argénteo resplandor lunar. Ambas se entendían perfectamente mientras pendían a la justa distancia del suelo, pero abajo, mientras compartían sus viajes y estadías, justo sobre él, las cosas pintaban distinto.
Margaret era la más pequeña de las trapecistas, tenía el cabello corto y castaño, sus ojos brillaban cetrinos como esmeraldas. Su sonrisa, finamente esculpida, era tan blanca como el mármol y sus delicados labios pintaban de un rojo casi escarlata. Era callada y tímida y detestaba profundamente a su hermana. ¿Por qué? Ella misma no encontraba razón alguna.
Rosa, la mayor, tenía el cabello más largo y más claro, y solía mantenerlo bien trenzado sobre su hombro derecho. Sus labios eran rojos como el carmín, su sonrisa era cálida e infantil y sus oscuros ojos brillaban enigmáticos tras un par de largas y elegantes pestañas. Rosa reía tiernamente todo el tiempo, pero jamás podía presumir de sentirse plenamente feliz y odiaba a su hermana por la misma razón que esta la detestaba a ella: ninguna en particular.

Y de todos los espectáculos, aunque poco mérito podía atribuírsele, el que se quedaba con las ganancias mas suntuosas era el avaro dueño del circo. Un hombrecillo rechoncho y bastante pequeño que, siempre encajado en su ancho traje, se asemejaba a alguna extraña clase de pingüino rojo y bigotón.

Uno de los payasos estaba enamorado de Margaret, la pequeña, pero ella solo quería para sí al mago, mientras este había decidido amar a su manera, extraña y enigmática, a Rosa. Rosa, por su parte, no se atrevía a responder a nada, ya que el domador iba por todo el circo clamando su amor por ella a los cuatro vientos, la hacía reír y le llevaba caramelos y elegantes flores de pétalos escarlata, hermanas de su nombre; pero Rosa callaba también ante todo esto, pues solo tenía un único objetivo y para llevarlo a cabo tendría que sobrevivir a su hermana.

Margaret se asomó por entre las telas de la entrada de su tienda. Fuera estaba Rosa sentada junto al mago observando la luna; Margaret podía ver como los labios del mago se movían y le susurraban, lo que ella suponía dulces palabras, a los oídos de su hermana, pero no alcanzaba a leerlos ni a percibir ningún sonido distinto al del cantar de los grillos. Dejó que se cerraran las telas tras ella y caminó lenta hacia la luz de su velón que, arriesgadamente, iluminó el fragor estremecedor que ardía decidido en sus pupilas de esmeralda. No soportaba más la misma imagen, no soportaba más verlos, no soportaba más nada de esto. Esa noche, simplemente, no pudo más… Para la siguiente presentación, Rosa yacería ya marchita, y se llevaría con ella sus perturbadoras y cálidas sonrisas y sus túrbidas y estridentes risas y cantares; no habría ya un mago para esa, sería él, entonces, sólo para Margaret.
Mientras, entre las débiles sombras de los matorrales, alguien más atisbaba la escena y tampoco pretendía soportarla por mucho más. El domador les dio también la espalda y decidió hacer una apresurada visita a la jaula de su siempre fiel león.
Rosa dejó reposar tiernamente su cabeza en el hombro del mago y éste se quedó silenciado por el asombro, admirando la pura y majestuosa belleza de su amada… Pero algo lo distrajo, y alcanzó a divisar una sombra arrastrándose entre los matorrales. Él sabía muy bien de quien se trataba, sabía al domador alejarse con pasos pesados de los ramales y hacia las jaulas de los animales. Estaba harto, en verdad harto de verlo tras de Rosa; amarla si ella dudaba ya no tenía sentido, pero las cosas no serian mas así, y se regocijaba contemplando la perspectiva del mañana. Jamás tendría que soportarlo de nuevo. Rosa respiraba tranquilamente y compartía en silencio el mismo gozo y la misma esperanza en el mañana, sin Margaret estorbando. Y los planes e ideas se fueron difuminando entre la calidez del abrazo del mago y la suave danza de la luna, finalmente reposó su cabeza y se quedó dormida.

Para el día siguiente el pueblo, escandalizado, recibía la noticia más perturbadora que jamás se hubiese visto de manos de los diarios, cuyos encabezados rezaban: “Muerte múltiple en el circo”.
Y el título estaba acompañado de grotescas imágenes de cuerpos sin vida y sanguinolentos. Los pies de foto eran cortos y terribles:
"Acróbata cae desde una gran altura cuando su compañera no logra alcanzar a tomarla de las manos, pierde la vida debido a una fractura en la columna. Rosa será recordada en su último vuelo".
"Margaret, acróbata compañera de Rosa, sufre una intoxicación por envenenamiento y muere entre convulsiones y gritos. Las autoridades están llevando a cabo las prudentes investigaciones".
"Mago es descuartizado por un león que escapó de una de las jaulas del domador, cuyo cuerpo fue encontrado en esa misma jaula con múltiples cuchilladas y una daga clavada en su pecho".
“Se encuentran los cuerpos de los dos payasos, ahogados en el río y enredados por una cadena. Al parecer, uno de los dos payasos muere tratando de salvar al otro que suponemos pretendía suicidarse”.
“(La historia es narrada por un mimo)”.

4 pensamientos:

Anónimo dijo...

Simplemente sublime,

Te felicito y te quiero, aunque de seguro ya lo sabes.

Sebastian Villa dijo...

Admto que me gustó más la primera versión. Pero esta no deja de maravillarme.

FELICITACIONES

Te lo merecías

Leo dijo...

Muy buena, aunque inicia de un modo muy sutil, se va haciendo más intensa y emocionante a medida q vas leyendo
T sigo
Un Abrazo!!

Ylva dijo...

Muchas gracias a los tres por escribir sus pensamientos acerca del cuento ^-^

Me alegra que les guste... Sigo escribiendo... Sigo trabajando y jugando :D

Un abrazo.

Tinta con vida

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