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"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad".
~Jean Paul Sartre.

Cassie

Es una invitación a que lean: Cassandra.
Es el otro blog que manejo... Es una historia larga, la estoy haciendo y la voy subiendo capítulo a capítulo, espero sea de su agrado: Cassie
Un abrazo, que disfruten!

martes, 13 de abril de 2010

La Almohada


Este escrito va dirigido a ese hermanito mellizo al que realmente adoro con todo mi corazón... (No me gusta verme tan lejos de ti, hermanito hermoso...)
No es lo mejor que he escrito ni de lejos... Pero él va a entenderme... (¿Verdad que sí?) Es uno de esos momentos de inevitable melancolía. Y quiero hacerle saber que me importa por encima de cualquier edificio que él pueda imaginar y lo quiero tanto que ese sentimiento no cabe en ninguna de las catedrales que él tanto adora.

Sobre como está escrito o redactado o la idea... Realmente eso me tiene un poco sin cuidado. Hay escritos que me gusta dejar tal y como salieron en el momento, aunque fueran atropelladamente, por pura fidelidad al sentimiento. Este es uno de esos.
Lo hago público porque me parece tierno, sé que a él le parecerá tierno... Sólo espero que tenga tiempo para leerlo.
Así que... Aquí está:


-No... No. A ver... Discúlpame, pero yo no me voy de aquí sin mi almohada.
-Esa almohada no se mueve de aquí.
Él se frotó los ojos, desesperado, y se cruzó de brazos para volver a enfrentar miradas con ella.
-Esa almohada es mí-a-. Puntualizó, separando la última palabra, como era su costumbre.
-¡Esta almohada pasó más tiempo en mi casa que en la tuya!
¿Cómo hacerle entender que sus razonamientos no iban a servir?
-Mirá... Las cosas son sencillas-. Él tenía todo perfectamente claro -Yo pagué por... Bueno, en aquel momento mi madre pagó por esa almohada y me la regaló a MÍ. Tú, sencillamente, jamás me la regresaste cuando te la presté.
Ella se aferró a la almohada como si su vida dependiera de ello y negó con la cabeza.
-Esta almohada se queda aquí y punto.
¿Cómo hacerla entender que estaba siendo completamente ilógica? No... Ella lo sabía perfectamente, había sido así siempre. Aunque se lo hiciera ver una vez más, de nada serviría.
-Bueno... Si a esas vamos... Nos vemos en la corte. La custodia de esa almohada es mía.
Ella se dio la vuelta al escucharlo y se encerró en su casa.

El juicio salió en los periódicos como si de un chiste se tratase. ¿Qué clase de locos iban a juicio por la custodia de una vulgar almohada?
El resultado era obvio desde que se habían enviado los papeles correspondientes: la custodia de la susodicha pertenecía a él, ella la retenía como si de un secuestro se tratase. El veredicto no se hizo esperar y mientras él alzaba su cabeza y sonreía, triunfante, ella salía sollozando del lugar. No quiso despedirse y él, al fin, tuvo que partir.

Años después, rebuscando en cajas viejas y muy lejos del lugar donde había pasado su infancia, encontró un recorte de periódico que jamás había leído. Databa del día del descabellado juicio por la custodia de una almohada cubierta con un horrible forro gris que generaba estática, sonaba espantoso cuando se frotaba contra algo y tenía su nombre escrito sobre él con tinta negra de Sharpie.
En el recorte, el periodista le preguntaba a la chica el porqué tanto enredo por la custodia de una fea, común y barata almohada gris. Ella, con toda la calma de la que disponía (que a decir verdad no era mucha) le había respondido: "Porque esta almohada fué suya. Y él va a marcharse, va a vivir y se va a olvidar de todo, con o sin almohada... Yo sólo quiero algo que me recuerde que fuimos hermanos..."

Él dejó caer el recorte dentro de la caja y se dirigió hacia el rincón donde tenía guardada y olvidada a la raíz de una separación silenciosa.
Llamó a su secretaria y canceló todas las citas que tenía ese día con los ejecutivos de su empresa y se marchó con un paquete.

Ella abrió la puerta al escuchar el timbre. Cargaba una niña pequeña de ojos cafés.
Frente a su puerta había una bolsa con una tarjeta escrita con una caligrafía que, aunque más estilizada, jamás olvidaría. Su nombre estaba escrito en ella. Dentro de la bolsa había una almohada gris, algo vieja y un papel que decía: "Aún soy tu herma'nito."
Ella cerró los ojos por un momento y le sonrió al hombre que estaba frente a ella por primera vez en 16 años.


Hermanito... Te adoro...
Mil gracias por los momentos que fueron años
y por los años que fueron momentos.
Un abrazo, como siempre, de esos que medio te incomodan,
y una sonrisa, de esas que medio te dan risa.
Mena.

2 pensamientos:

Anónimo dijo...

mismo comentario que el anterior.

att: sr anonimo

Ylva dijo...

Gracias, pero unas diferentes a las anteriores :P

Tinta con vida

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