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*..*Las imágenes que uso las he tomado de Deviantart. Muchísimas gracias a los respectivos artistas.*..*

"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad".
~Jean Paul Sartre.

Cassie

Es una invitación a que lean: Cassandra.
Es el otro blog que manejo... Es una historia larga, la estoy haciendo y la voy subiendo capítulo a capítulo, espero sea de su agrado: Cassie
Un abrazo, que disfruten!

jueves, 12 de enero de 2012

24 de Noviembre

(Psssstttt... Escúchame mientras lees, por favor)


Se está frío acá afuera.
Ya no suenan los tangos en la tienda de la acera contraria. Tal vez han cerrado por la ventisca o el tendero se ha mudado a un lugar más amable.
La ciudad está cada vez más marchita, me siento culpable aunque yo no la queme.
Acá afuera hace frío y aún no encuentro un techo que me resguarde de la tormenta. La nieve se posa sobre mí como si fuera arena, hasta que hay demasiada y comienza a desmoronarse. Ni siquiera intento moverme, ya nada me huele ni a menta, ni a chocolate, ni a cuero gastado, ni a un pobre clavel.
Me pregunto a dónde se han marchado todos o si acaso estarán dentro de sus casas por temor a morir de hipotermia. Sí, es cierto, se está frío acá afuera, pero no puedo enfermarme, el último soplo del licor de sus labios me mantiene con fuerza aún por un par de vidas.
Me pregunto si volveré a verlo pronto o si acaso todo va a permanecer cerrado hasta un par de vidas más tarde. La imagen se me hace familiar, como si un lago inquieto se hubiera detenido de un momento a otro, convertido en hielo. la escarcha de la superficie se posa en mi pecho.
Sucede algo extraño, se ha encendido una caja de música y un poco de vapor se escapa de la casa en la esquina de la calle. La música se ha transformado en una melodía francesa, vieja, muy vieja. Siento como si mis piernas quisieran echar a correr, pero en la dirección contraria. El aroma del café inunda la calle una vez más. Sí, ese es el lugar al que esperaba volver, pero no sé cómo. Mis piernas han muerto, sepultadas por el hielo.
Ahí viene, de nuevo.
Me echo a llorar en sus brazos. Ya no hay nada más. Ni frío, ni calor, ni hielo, ni agua, ni viento... Sólo aquella vieja melodía, ¿francesa? No. Ya no importa. Y una sonrisa con sabor a menta.

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Tinta con vida

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