No sé si recuerdo con exactitud
el día en que la primera fue a dar contra el ocaso.
Sé que otras volaron hacia el mar,
y algunas más fueron a parar a la montaña.
Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Ambas seguían haciendo parte de lo mismo,
lo cierto es que jamás se marcharon en realidad.
Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Y tus hombros aún cargaba con su peso
porque, aunque deshechas, seguían estando allí.
Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Pero a ambas las vi unidas a las demás que aún colgaban,
casi exánimes, casi idas, de tu espalda.
Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Pero logré recordarlas lo suficiente para saber,
exactamente,
en qué lugar ponerlas cuando te encontré.