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*..*Las imágenes que uso las he tomado de Deviantart. Muchísimas gracias a los respectivos artistas.*..*

"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad".
~Jean Paul Sartre.

domingo, 22 de julio de 2012

Ausente



¡Libertad! ¡Libertad!
Canturrean tus labios mientras cae la noche.
¡Libertad! ¡Libertad!

Los pasos del pequeño
otora aletargados
ahora se hacen firmes
entre caminos desgarrados.
A las orillas del estanque
entre estrellas naufragadas
se respira hoy el perfume
de las flores ya quebradas.
Allí donde antes fuimos
a llorar nuestro pasado,
me he quedado para siempre
con los recuerdos en mi vientre.

¡Libertad! ¡Libertad!
Canturrean tus labios al partir
¡Libertad! ¡Libertad!
Ahora, al fin, te has encontrado
¡Libertad! ¡Libertad!
Sé que por fin me has olvidado.

sábado, 30 de junio de 2012

Alivio



No sé si recuerdo con exactitud
el día en que la primera fue a dar contra el ocaso.
Sé que otras volaron hacia el mar,
y algunas más fueron a parar a la montaña.

Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Ambas seguían haciendo parte de lo mismo,
lo cierto es que jamás se marcharon en realidad.

Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Y tus hombros aún cargaba con su peso
porque, aunque deshechas, seguían estando allí.

Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Pero a ambas las vi unidas a las demás que aún colgaban,
casi exánimes, casi idas, de tu espalda.

Una fue hacia el norte, la otra voló hacia el sur.
Pero logré recordarlas lo suficiente para saber,
exactamente,
en qué lugar ponerlas cuando te encontré.

Cambio

((Algo viejo en realidad... Remolino, siempre remolino en mi cabeza, en todas partes a decir verdad))






Se me aliviana el alma
cuando miro por la ventana
sonrío al cielo y aparto el dolor.
Te encuentras soñando ahora
con otro sueño mejor.





Que se nos derrame gota a gota
mientras jugamos a la copa rota
a ver quién es el primero en cortarse la boca.

jueves, 24 de mayo de 2012

Frío


Ni siquiera la noche,
esta noche sin Luna, ni estrellas, ni luces amigas,
puede llegar con su frío tan hondo
como llegan ahora los suspiros del viento
que arrastran palabras
adormecidas,
sordas,
y enmudecidas,
alguna vez pronunciadas
y ahora marchitas.

sábado, 19 de mayo de 2012

Sobre tus pasos



Llueve,
sobre tus pasos, llueve.
Y las gotas se estrellan contra las huellas que van quedando marcadas en el corazón de la noche sin luna.

Llueve,
y a medida que aquella danza se enseñorea de la noche
la pared se vuelve cada vez más blanca, más blanca y solitaria.

Llueve,
y tus pasos se hacen cada vez más tristes
mientras el alma se hiela entre las canciones que chorrean de las nubes.

El silencio se hace fértil,
entre gemidos que no alcanzan a abandonar los labios.
El corazón aúlla
y sonríe con tristeza a la lejanía de tu voz.

Sobre tus pasos se hacen nidos
de peces marchitos por la aurora,
de dientes de león nocturnos,
de esperanzas que se estancan gota a gota.

Sobre tus pasos vuelvo mis pupilas
ya manchadas por la sal de la llovizna,
y los veo emborronarse a la distancia
en el recuerdo de nuestra tibia noche solitaria.

Llueve,
sobre tus pasos, llueve.

miércoles, 25 de abril de 2012

14 de diciembre



Él se marchó hace algunos días. Aún no regresa.
Me pidió que me fuera, a buscar un lugar en el que la nieve arreciara con menos fuerza. No le hice caso y ahora, que la nieve ya me cubre los talones y se amontona sobre mi gorrito de lana, sigo pensando que no tengo por qué atender a su petición.
La melodía sigue corriendo una y otra y otra vez. Es como un tintineo incesante que se ha vuelto parte de mi alma, aunque sé que proviene de un par de puertas más allá del farol bajo el que estoy de pie.
Lo más difícil de soportar son las noches, porque el eco de la melodía me persigue y se distorsiona, haciéndome ver cosas que a la luz del día no parecen existir. Además, el frío me acorrala con más ímpetu contra el farol que apenas si alumbra algunos pasos. Me aferro a él, pues es del poco calor que me entrega su luz de lo que sobrevivo.
Durante el día lo siento en todas partes y el aroma a café se despierta cada que creo adivinar su sonrisa esperando tras una esquina para sorprenderme y alzarme del suelo de hielo.
...
Sé que me ha pedido que no espere por él... Pero no voy a cumplir su petición.
Porque, aunque no sea para tomarme de la mano y acompañarme a volar, creo en su regreso.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cuervos


Dania era casi perfecta.
Su piel era tan blanca y tan suave como las nubes que juguetean con el viento al comenzar el día.
Sus cabellos brillaban bajo la luz de la Luna con una luz cálida, propia, dorada como el trigo al sol.
Su voz había sido como el cantar de un gorrión al caer la tarde la primera vez que Daniel la había escuchado hablar.
Y su boquita, sus mejillas... Usualmente eran sonrosadas y vibrantes, aunque ahora ambas estaban pálidas, pero era de entenderse perfectamente, porque Dania estaba muerta.

Ahí, tendida sobre el frío suelo en medio de la noche, bajo la luz intermitente de un farol averiado, estaba Dania con sus ojos como de chocolate muy abiertos, pero su boca bien cerrada. Como si el grito se hubiera escapado por su mirada y no por su garganta. Sus ojitos ya no brillaban, pero aún tenían guardados los recuerdos, por lo que Daniel decidió cerrar sus párpados, para que no se le escaparan.
Ahí, bajo la lluvia tenue que comenzaba a empapar la ciudad ya tan tarde, Dania estaba muy quieta y sus heridas apenas podían adivinarse. La sangre se lavaba lentamente de su vientre abierto y una manito reposaba sobre la herida, tan blanca ella y tan roja la sangre, como si quisiera contener la vida que se le escapaba a borbotones.
Daniel tenía que admitir que incluso así se veía hermosa. Con la ropa empapada y los cabellos enmarañados, con la sangre manchando su delicada tez y con aquel moretón en la mejilla. Aún así se veía hermosa.

Se puso de rodillas junto a ella en un arrebato que no pudo contener y la levantó del suelo. Con algo de esfuerzo la alzó en sus brazos y caminó bajo la lluvia en la calle desierta.
Habían sido felices. Tan felices que no era justo que durara para siempre.
Estaba helada a pesar de que llevaba poco tiempo sin vida. La lluvia se había encargado de llevarse con ella la calidez que aún le quedaba. Agua y sangre los empapaban a ambos mientras él caminaba con ella en brazos, como si la llevara a la cama.
La sangre bajaba por sus piernas a medio cubrir por su faldita de encaje negro y Daniel adivinó lo que aún no había sido capaz de ver.
Lleno de dolor continuó caminando, con el alma contenida en los puños.

....

La noche era densa, pegajosa, como si no fuera capaz de desprenderse de los cuerpos que aún caminaban entre ella, como autómatas de diversos orígenes.
Era una noche gris, tóxica, abandonada a la inconsciencia.
Ella no debía amar esas noches, pero las amaba. Amaba todas las noches y por eso se había fundido con ella. Por supuesto, había llamado a Daniel, pero se le había adelantado descuidadamente, para encontrarlo por sorpresa.
No los vió a tiempo porque se acercaban en silencio y ella en su cabeza cantaba.
Todo giraba vertiginosamente, iba demasiado rápido, viraba y viraba a tanta velocidad que pensó que iba a morir. Y así fue.
Abrazó la muerte con alivio, casi con deseo. Su cuerpo deshecho y ultrajado yacía en el suelo, un tanto lejos del lugar en el que ahora se encontraba.
Luego vino Daniel, luego el camino. La Luna cubierta por las nubes cada vez más negras, cada vez más grandes. Daniel apretaba los dientes y ella lo observaba dubitativa y la muerte, anhelante.

La noche era tóxica, sí. Despiadada.
Y aunque hubieran sido capaces de adivinar lo que se les venía encima, jamás habrían podido defenderse porque mientras él los hería una y otra vez con sus manos desnudas, consumido por el dolor y la ira, ella los observaba sentada sobre la acera empapada y sucia, donde Daniel la había depositado con cuidado, recostada sobre una pared, como si durmiera.
Él cayó sobre ellos como una sombra y ellos no podían hacerle lo que le habían hecho a ella hacía sólo un par de horas.
Dania había sido dulce, sí, ¡cuán dulce!
Pero ahora estaba muerta y por eso cuando uno de ellos se arrastró hasta su cuerpo ahora helado, tratando de huirle a la muerte, ella hizo que sus ojos se abrieran y una sonrisa cruel se dibujara en sus labios, como regalo a aquel monstruo que le había arrebatado la vida.

Tinta con vida

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