
Un minuto basta
para sonreír eternamente,
para que en el cielo azul
reviva el corazón cadente.
Que cuando la melodía despierte
no sienta nunca el cuerpo inerte.
Que se le abran los ojos cansados
para bailar entre besos robados.
Que cese la lluvia
y se alcen las voces
de muerte y de vida
hechas canciones.
Que bañe la Luna
las almas en pena
para que borre
la huella en la arena.
Que al caer la noche
el silencio no dañe,
sino que te cubra
con su manto suave.
Y que cuando la Luna
alcance el cenit
tu risa y tu canto
aún pueda oír.






